CLASE
VIERNES 15/6/12
La primera
clase de práctica coincidió con mi primera clase en el rol de docente. Las
microexperincias previas no se comparan con realizar una clase de tres horas al
frente de 19 alumnos adultos, estudiantes de la carrera de Psicología y con una
dinámica de grupo poco participativa, más bien adolescente. Trate de centrarme
en mi función tanto al planificar la clase como al momento de pararme al frente
de la misma. Intente programar poniendo en juego mis recursos personales y
profesionales. El uso de herramientas (de internet y tecnológicas) que hasta el
momento no manejaba con habilidad, la investigación de textos a desarrollar que
en este caso se trataba de F. Dolto, que si bien son parte de mi formación
psicoanalítica, el estudio y la organización de los contenidos disparó nuevas
preguntas y reafirmo posiciones teóricas a las que adhiero. La experiencia de
ser observada pensé que me iba a inquietar mas, si embargo el tomar posición de
mi función me hizo olvidar por momentos la evaluación que estaba en juego y así
pude disfrutar de los distintos momentos de la clase. Un poco como el juego de
las mamushkas, una dentro de la otra, me sentí parte de una escena y a la vez
creadora de otra “la situación de clase” que también me incluía e incluía a
otros: “los alumnos”. Los momentos de la clase transcurren, el inicio como la
apertura del telón marco el comienzo y las actividades se van sucediendo tal
cual lo programé, me olvido del tiempo y sin embargo llego al final de clase
casi a la misma hora que indicada el papel. Hasta ahí todo anduvo sobre rieles,
pero el relato me lleva a pensar en la experiencia y aquí es donde debo admitir
que no hubo la participación activa que esperaba, o que anhelaba de parte de
los alumnos, ni las preguntas al texto que pensé que iban a surgir, o los
comentarios asociativos al tema que daban para hacerse y tampoco el despliegue
oratorio que yo espera tener, bueno el que me imaginé que podía llegar a dar. Digamos
que ellos y yo nos conducimos en un clima de respeto, de trabajo y participación
adecuada. Pero nada se salió de lo previsto. Veo que les encanta la parte
expositiva, anotan y anotan, no dejan de escribir. Las actividades se
recibieron bien y tuve los resultados esperados de acuerdo al “diagnostico”
previo del grupo, si se me permite la digresión. No quiero dejar de mencionar
la total libertad con la que trabaje, el apoyo de los docentes (la mía y el de
ellos) me dio el impulso para zambullirme en la nueva experiencia y no sucumbir
en el intento.
CLASE VIERNES 22/6
El escenario
de la clase cambia, hay pocos alumnos, pero mi disposición es la misma. Llego
con una clase preparada y estudiada sobre “Las fases de la Adolescencia” que
desarrolla P. Blos. Me encuentro con una pequeña complicación, pasar los videos
en el proyector, la PC es del profesor y no encuentro mis archivos, me río,
hago un chiste, pido auxilio y asisten a ayudarme. Al inicio una actividad
disparadora intenta motivar y engancharlos en el tema. Surgen comentarios y
puedo dar curso a una clase que pensé con varias actividades de articulación a casos
clínicos, con muestras de producciones adolescentes, lo cual considero
facilitador para el aprendizaje y la superación de los textos o conceptos. Si
bien algunos alumnos, “los mismos” de la clase pasada, son los que intervienen
y exponen su pensamiento, también habrá de “los otros”, los que no participan y
cuando lo hacen muestran un pensamiento bien congruente con el tema de la
clase, adolescente y confrontativo. Es tan así que una alumna al comienzo de la
clase se levanta y se va, luego vienen a llamar al profesor a cargo de la clase
y le piden que salga. ¿Qué pasó? Me pregunto. Es la misma alumna que la clase
anterior llego al final, la misma que el profesor menciono como conflictiva y
contestataria, la misma que se le puso a gritar al profesor “que esta cátedra a
ella no le gusta y que tampoco estaba conforme con su nota”, en fin, no se si
viene al caso, ella es la mayor de la clase. Evidentemente se quejó de quien
estaba dando la clase, o sea sobre mí, dado que
“era practicante” y no estaba a la altura de sus expectativas. Una de
dos dije; o la moral se va al piso o reflexiono un poco mas y llego a la
conclusión siguiente; se trata de una alumna en posición querellante, la
querella tiene esa connotación de queja al servicio de poner al otro en falta,
adolescente a la espera de culpar al otro por lo que ella no esta dispuesta a
hacer. Reconozco que la situación no se salió de rieles, ya que los profesores
presentes se encargaron de reubicarla y pude terminar mi clase como lo había
pensado.
Las
actividades dispararon reflexiones y articulaciones sobre los temas dados y eso
me dio la pauta de la comprensión sobre los contenidos. Mas que conforme,
considero que de la clase se produjo aprendizaje, para algunos claro esta. Ya
que para esta altura, la “alumna conflicto” había entrado a la clase y en la formación
de los grupos se encargó de influenciar sobre sus compañeros, los que en otros
momentos de la clase intervenían, y aquí dieron paso al silencio y no se escucho
ningún comentario.
El traspié inicial no es nada son relación a
ciertos hechos aleatorios, que no pueden “programarse” y que tienen efectos
sobre la clase, los alumnos y el docente. Que se salen del encuadre y que
llevan a pensar en el contexto institucional que da marco a este tipo de
situaciones. Facultad privada, un alumno se queja y sacan al profesor de la
clase? Donde están las funciones, las jerarquías propias de cualquier organización,
la autoridad institucional? Son preguntas que inevitablemente a la hora de
ejercer un rol docente habrá que hacerse para tener claro el contexto
institucional y el lugar que tiene el profesor en dicho funcionamiento.
LAURA CAPARRA


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